La primera sorpresa llegó cuando al comunicar a la iglesia
que habría bautismos se fueron inscribiendo personas hasta un
número de veintiseis; pero llegado el mismo domingo el número
había aumentado hasta veintinueve.
El servicio discurrió en un ambiente festivo y de verdadera celebración.
Vimos emocionados como, después del mensaje alrededor de quince
personas manifestaron su deseo de recibir al Señor como su Salvador.
Luego el acto de bautismos: Risas y lágrimas, ambas de emoción
y de verdadera alegría... pero Dios tenía prevista una
sorpresa final: Bautizados todos los candidatos se brindó la
oportunidad de que alguien que hubiera estado dudando en dar ese paso,
se decidiera y aprovechara la ocasión para dar testimonio público
bautizándose también: Casi de inmediato una persona
se levantó y se aproximó al al tar dispuesta al bautismo...
La congregación aplaudió espontáneamente... pero
enseguida otra... y después otra... los candidatos se amontonaban
y los aplausos se encadenaban... así hasta seis.
¡¡No dábamos crédito a lo que veiamos!! En
los vestuarios se sudaba y se reía. Se escurrían los pantalones
blancos para ser usados nuevamente. ¡¡No había ropa
suficiente para tantos candidatos!!
Hoy sigo asimilando lo que ocurrió: Dios rompió nuestras
expectativas, superándolas con creces.
Un hermano me comentaba: "¡Y sólo estamos en el ecuador
de la campaña!" Estamos viendo que "40 Días
con Propósito" está suponiendo una verdadera inyección
de fe, motivación y vida espiritual para la iglesia, además
de una herramienta de salvación.
¡¡Gracias, Dios, porque tus planes son perfectos!! Sea
toda la gloria para tí.